Exposición Firmamento: la iconografía de los astros en el arte

Cuerpos celestes como el sol y la luna, multitud de estrellas, el globo terráqueo, pero también fenómenos atmosféricos como los truenos y las nubes o los rayos de luz, ocupan un lugar preeminente en muchas obras religiosas cristianas.
En ocasiones pueden pasar desapercibidos al espectador, a pesar de formar parte sustancial de la obra. Pero tal es su importancia que, muchas veces, completan el mensaje transmitido y, sin ellos, no se comprendería la verdadera dimensión de las escenas.
Vemos al sol y a la luna en la Crucifixión y en las imágenes de la Inmaculada Concepción. Santos y mártires reciben la iluminación de Dios a través de rayos, luces milagrosas o apariciones que surgen de un cielo cubierto de nubes.
Con esta exposición, basada en obras de arte seleccionadas de nuestro patrimonio diocesano, invitamos al visitante a reconocer estas imágenes y a reflexionar sobre su significado.
Las representaciones de la Inmaculada
“Apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies y, sobre su cabeza, una corona de doce estrellas” (Apocalipsis 12).
Desde los primeros concilios de la Iglesia cristiana hasta la actualidad, se ha identificado a la mujer descrita en el Apocalipsis con la Virgen María. La referencia al sol, la luna y las estrellas coincide con la imagen de la Virgen como Reina de los Cielos, proclamada desde hace siglos en los rezos católicos y en las letanías que nos hablan de la Virgen como Estrella de la Mañana.
Por todo ello, la iconografía de María incorpora muchas referencias astrales. La Virgen Inmaculada aparece con sus pies sobre la media luna y el manto con el que se cubre suele estar decorado con estrellas. Con el paso del tiempo, los orfebres se encargaron de elaborar coronas ornamentadas con multitud de rayos de luz y estrellas que, independientemente de su cronología o estilo artístico, fueron colocadas sobre las esculturas de la Virgen y del Niño Jesús.
La Crucifixión
La presencia del sol y la luna acompañando a la sagrada escena de la Crucifixión ha sido valorada desde diferentes puntos de vista por la historia del arte, sin llegar a existir consenso sobre un único significado.
El sol podría representar la naturaleza divina de Cristo, junto a su naturaleza humana, simbolizada por la luna. Indicando ambos el transcurso del tiempo desde la mañana hasta la noche, podrían figurar a Cristo como el principio y el fin, de una manera similar a las letras alfa y omega del alfabeto griego.
Con una perspectiva más teológica, con la luna se puede aludir al Antiguo Testamento y con el sol al Nuevo Testamento. Otras teorías niegan todo tipo de significado, entendiendo su presencia como una alusión al carácter sobrenatural de la escena. Finalmente, otros investigadores relacionan la presencia de ambos astros con el eclipse lunar que se produjo el 3 de abril del año 33.
Los astros en le orfebrería
La orfebrería es la expresión artística que con mayor atención se dedica a la materialización de contenidos teológicos cristianos. Obras como cálices, copones, incensarios o navetas se necesitan tanto para la eucaristía como para el resto de ceremonias religiosas.
De entre todas ellas destacan las custodias, ya que se dedican a la colocación y exposición del cuerpo de Cristo a través de la forma consagrada. Pueden tener aspecto de arqueta o de estructura arquitectónica, incorporar una reliquia…, pero la tipología más habitual es la de la custodia con forma de sol.
Se generaliza a partir del siglo XVI y del estilo barroco, y pretende mostrar la relación entre el Dios creador, que se hace presente ante los fieles, y el sol como astro rey, sin el cual la vida no es posible. La forma consagrada se coloca en el viril de cristal y, en torno suyo, y en función de la pericia o de los recursos del artista, se ornamentará con rayos de diferentes formas y tamaños, pero siempre con el mensaje de que Dios es la luz.
Santa Emerenciana
Curiosamente, en ocasiones, los astros que aparecen en las obras de arte cristiano no lo hacen a partir de un significado religioso, sino que se refieren a aspectos, tradiciones o leyendas de carácter local.
La representación de santa Emerenciana recoge, como es normal, aquellos elementos propios de su martirio o de su biografía y que sirven a los fieles para reconocerla sin lugar a duda.
La santa patrona de Teruel aparece con las piedras con las que fue lapidada tras ser descubierta cuando estaba rezando junto a la tumba de su hermana santa Inés. Al fondo, un templo de planta circular, aludiendo a los templos paganos. Sobre el templo aparece un toro, que podría sugerir igualmente el culto a los dioses paganos. Sin embargo, el artista ha incluido una clara referencia: la de la estrella que brilla entre los cuernos del animal y que no deja lugar a la interpretación del patronazgo de la santa sobre la ciudad.
San Francisco, San Antonio Abad y San Francisco de Paula
Otras escenas milagrosas relatan hechos o acontecimientos en los que la divinidad entra en contacto con una persona, ya sean santos, mártires o religiosos, para comunicarles alguna circunstancia especial, agradecerles sus acciones en beneficio del pueblo cristiano, reforzar su fe o colmarlos de algún bien.
Descendiendo de los cielos, rodeada de luz como si de un sol se tratara, apareció ante san Francisco la figura crucificada, de la que surgieron los cinco rayos que impactaron en su costado, manos y pies, permitiendo al santo compartir los estigmas de la crucifixión de Cristo.
San Antonio Abad, en su lucha contra los demonios que no le dejaban orar en el eremitorio al que había decidido retirarse, experimentó varios hechos milagrosos, entre los que destaca la aparición de la luz de Dios, que lo reconfortaba y animaba a seguir en oración.
El sol forma parte de la iconografía de santos como san Francisco de Paula, fundador de la Orden de los Mínimos. La tradición indica que el emblema de la orden le fue entregado por unos ángeles que descendieron de los cielos. Otras leyendas hacen referencia a la intervención de san Miguel Arcángel o de la propia Virgen María con el Niño.
Se trata de la imagen de un sol, habitualmente de forma ovalada, del que surgen gran cantidad de rayos de luz y en cuyo centro aparece la palabra latina charitas, que alude al objetivo principal de esta orden: la humildad, la pobreza y la ayuda a los más necesitados.
En su conjunto ejemplifican a los fenómenos celestiales dentro de la tradición en la que se relacionan los astros con lo milagroso y con la presencia de Dios.
La esfera del universo
Además del sol, la luna y las estrellas, el otro elemento astral que aparece habitualmente en las obras de arte cristianas es la esfera del universo. Dios Padre, creador del mundo, es quien la porta en la mano izquierda mientras bendice con la diestra.
También aparece la esfera universal en escenas de la infancia de Cristo, como en el popularmente conocido como Niño de la bola. En otras representaciones, como esta de Jesús Niño con san José, la esfera que sostiene con su mano izquierda nos recuerda su naturaleza divina.
Es importante hacer notar la necesidad de observar con atención estos elementos, ya que no podemos confundir esta esfera, cuya forma procede de la filosofía platónica y de la idea de un universo perfecto y esférico creado por el demiurgo, con la imagen de un globo terráqueo, entre otros motivos porque muchas de estas obras son anteriores a la demostración científica de que la Tierra es redonda.





