La Inmaculada Concepción
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Título:La Inmaculada Concepción
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Autor / Escuela:Antonio Bisquert
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Cronología:Segundo cuarto del siglo XVII
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Materiales y técnica:Óleo sobre lienzo
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Dimensiones:160 x 110 cm – Marco en madera: 180 x 132 x 3,5 cm
La obra presenta una composición de marcado carácter mariano, dominada por la figura central de la Virgen Inmaculada, representada en plena juventud y con un delicado ideal de belleza. Su rostro tierno y sereno dirige la mirada hacia el lado derecho, en contraste con el suave ladeo de su cabeza, gesto que refuerza la sensación de obediencia y recogimiento espiritual. El cabello, largo y ondulado, cae por debajo de los hombros y enmarca un nimbo circular dorado, rodeado a su vez por una corona de once estrellas blancas, símbolo de su exaltación celestial.
La Virgen aparece vestida con un amplio manto azul que cubre su espalda y una doble túnica: una interior roja y otra exterior blanca, ricamente adamascada y rematada con puntillas en el cuello. Bajo ellas se intuye una camisa blanca cuyos puños verdes asoman en las manos unidas a la altura del pecho, gesto de oración y humildad. La figura se muestra de pie sobre una luna creciente de puntas elevadas, con la pierna izquierda flexionada y el peso del cuerpo descansando sobre la derecha, aportando equilibrio y elegancia a la postura.
El fondo despliega un complejo programa simbólico inspirado en las Letanías Lauretanas. En el horizonte inferior se configura una ciudad amurallada que encierra un hortus conclusus con cedro, ciprés y el templo de Dios, mientras que en el exterior se sitúan la torre de David, una palmera y un pozo de agua viva. Estos elementos aluden a la virginidad, la pureza inmaculada y la función intercesora de María.
La escena se completa con la presencia de ángeles de alas rojas que flanquean la cabeza de la Virgen, la paloma del Espíritu Santo irradiando luz, y la inclusión del sol y la estrella en el cielo. En el ángulo inferior izquierdo, un personaje masculino de perfil, probablemente el comitente, contempla devotamente la imagen, cerrando la composición y reforzando su carácter devocional.
