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Sagrada Familia con Santa Ana y San Juanito

Salón del Trono

  • Título:
    Sagrada Familia con Santa Ana y San Juanito
  • Autor / Escuela:
    Antonio Bisquert
  • Cronología:
    ±1630
  • Materiales y técnica:
    Óleo sobre lienzo
  • Dimensiones:
    113 x 95 cm – Marco en madera: 136 x 118 x 4 cm
Descripción:

La escena se articula en torno a la figura central del Niño Jesús dormido, representado en primer plano con una delicadeza íntima y profundamente humana. Reposa sobre un colchón cubierto por una sábana blanca que sujeta suavemente con la mano derecha, mientras la izquierda descansa sobre su cuerpo desnudo, apenas cubierto por un pequeño paño de pureza amarillo. Su cabeza, coronada por discretas potencias, se apoya en dos cojines superpuestos, transmitiendo una sensación de calma y recogimiento. El rostro sereno, de mejillas sonrosadas y cabellos rubios rizados, refuerza la imagen de inocencia y placidez.

Tras él se sitúa la Virgen María, contemplando al Niño con las manos unidas en actitud orante. Su figura joven y serena aparece vestida con un traje rojo fruncido en el pecho, adornado con puntillas blancas en cuello y mangas anaranjadas, y cubierto por un amplio manto azul ribeteado en amarillo. Su cabello, cuidadosamente recogido y trenzado, se cubre parcialmente con un velo gris que desciende hasta el cuello, mientras una aureola vertical refuerza su carácter sagrado.

A la derecha de la Virgen se representa a Santa Ana, de medio cuerpo, compartiendo la misma actitud devocional. Su indumentaria sobria, compuesta por un vestido oscuro, tocado blanco y largo velo, subraya su condición de figura venerable y protectora. La aureola, ligeramente inclinada, acentúa la solemnidad de su presencia.

En primer término, a los pies del Niño, aparece San Juanito, ajeno al recogimiento general, dirigiendo su mirada al espectador mientras lleva el dedo índice a los labios en gesto de silencio. Porta la cruz de caña con filacteria, anticipando simbólicamente la Pasión. Su vestimenta sencilla, en tonos marrones y rojos, refuerza su carácter humilde y profético.

Cierra la composición San José, situado detrás de la Virgen, contemplando al Niño con gesto embelesado. Con una mano sobre el pecho y en la otra un jilguero sujeto por un cordel, introduce un símbolo pasional que anticipa el destino redentor de Cristo. El conjunto equilibra ternura doméstica y profundo significado teológico, invitando a la contemplación silenciosa.